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#Historiasqueinspiran: Las cosas que perdimos en el fuego

El mundo de Mariana Enríquez no tiene por qué ser el nuestro, y, sin embargo, lo termina siendo. Bastan pocas frases para pisarlo, respirarlo y no olvidarlo gracias a una viveza emocional insólita. Con la cotidianidad hecha pesadilla, el lector se despierta abatido, perturbado por historias e imágenes que jamás conseguirá sacarse de la cabeza.

Historias incomodas con cultura argentina

Ya leí libros de autoras argentinas antes, como la obra de La guerra de los confines de Liliana Bodoc, pero llevaba ya un par de años sin leer autoras sudamericanas, cosa que es 100% mi culpa. Como Mariana ganó los premios Kelvin en 2020, me decidí de leer su antología de relatos de «terror».

Las historias de Mariana, más que de miedo, me parecen incomodas, hacen que te quedes con una sensación amarga, desagradable, con ganas de darte una ducha. Más que ponerme los pelos de punta, y ponerme a decir guau, me dejó con ganas de cortar por lo sano rapidamente.

Una visión de argentina muy pesimista

Creo que lo que más me chocó fue la visión pesimista que Mariana tiene de su propio país. Si, hay cerros hermosos, y selvas frondosas llenas de peligros, pero las descripciones que hace de ciertos barrios, de ciertas villas… Las protagonistas estan disgustada con el sistema y se conforman con una situación de profunda miseria. Soy consciente de que yo no viví la parte más oscura de Argentina, lo más cerca que llegué fue una escuela rural o pasearme sola por la noche en Buenos Aires. Ni de lejos vi esos horrores que describen, aunque puede que tuviera la suerte de la turista, que en sí siempre tiene una cierta protección de las autoridades.

La representación del nivel de pobreza, del nivel de adicción, de la desesperación ahogada en indiferencia… Me dejó un gusto amargo, y la pregunta si de verdad la cosa era tan fea. Soy consciente que cosas feas hay en todas los países, que Argentina quizás esta peor que España y Europa esta claro, pero llegar a los puntos de niños durmiendo en las calles, adictos a los seis años…

Me queda preguntarme si Mariana realmente ve el mundo diferente, o yo vivo en un mundo diferente al suyo.

Historias inacabadas

Lo que más me cabreo de las historias de Mariana fue su tendencia a dejarlas inacabadas. Empieza presentándote una realidad, un barrio de Buenos Aires, un pueblo en los Cerros, una casa cerca de Iguazú. Te mete en la mitología de brujas, fantasmas, desapariciones misteriosas, y acaba la historia sin darte un final. Como si todo se quedará a media. ¿Qué fue del niño que dormía en el colchón de la calle? ¿Dónde fue a parar el marido desaparecido? ¿Qué significaban esos fantasmas del hotel, que ocurrió? Ninguna historia parece dar un desenlace, o muy pocas. Quizás las mujeres quemadas, que habla de la frustración de las mujeres, maltratadas por los hombres, que deciden mutilarse ellas mismas como forma de liberación.

No me gusta quedarme preguntándome que ha pasado de verdad. ¿Qué se esconde en ese afluyente del río? ¿Ese hombre jugaba a ser Frankenstein?

En resumen


La prosa es buena y engancha, pero tengo la impresión de que deja todos los cuentos a medias, muy pocos con resoluciones verdaderas.

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