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#Historiasqueinspiran: Kentukis

Casi siempre comienza en los hogares. Ya se registran miles de casos en Vancouver, Hong Kong, Tel Aviv, Barcelona, Oaxaca, y se está propagando rápidamente a todos los rincones del mundo. Los kentukis no son mascotas, ni fantasmas, ni robots. Son ciudadanos reales, y el problema —se dice en las noticias y se comparte en las redes— es que una persona que vive en Berlín no debería poder pasearse libremente por el living de alguien que vive en Sídney; ni alguien que vive en Bangkok desayunar junto a tus hijos en tu departamento de Buenos Aires. En especial, cuando esas personas que dejamos entrar a casa son completamente anónimas.

Un furby controlado a distancia

Por ponerlo en conceptos actuales, no se trata de inteligencia artificial. Básicamente se trata de un furby, un peluche con interior robótico, que conecta a otra persona capaz de controlarlo como un videojuego. Mi gran pregunta es quién querría tener eso, y entonces pienso en la gente que quiere un bichito mono que no ensucie y no se ponga enfermo, y otras obsesionadas con los sims u otros simuladores de vidas. Y veo el punto…

Después pienso en la paranoia que me da que alguien me este espiando a través de la cámara del ordenador y se me pasa.

La crítica a la humanidad

La verdad es que una realidad a la que me enfrento es que entre Samanta y Mariana, me pregunto que visión de la humanidad tienen los argentinos. Soy consciente que el mundo esta fatal, y que el ser humano se va a llevar a si mismo a la extinción, pero el punto de vista que le dan a sus escritos, esa manía de mostrar solo lo peor y más deprimente sin lugar a la mejora o esperanza… Me pregunto si es una dinámica cultural, y si seguiré encontrando esto en lecturas futuras, ya que con Liliana Bodoc si que se apreciaba un poco, aunque con tono más esperanzado.

Nuestra relación con la tecnología

La verdad es que el libro no propone grandes novedades tecnológicas, los kentukis podrían ser una cosa actual sin mucha dificultad. Pero si reflexiona mucho sobre la relación que tenemos con el otro cibernético. Me refiero a las relaciones que establecemos con otras personas a través de una pantalla (que al fin y al cabo es la base del kentuki), los amigos digitales, las guerras ideológicas gracias al anonimato. Los monstruos que se pueden esconder en las profundidades de las redes, o como buenas personas pueden alterar nuestra vida para mal sin quererlo, por el simple hecho de inmiscuirse sin conocer la historia.

Creo que todos deberíamos reflexionar sobre la relación que tenemos con otras personas virtuales, y quizás Samanta deje de criticarnos tan duramente.

En resumen

La verdad es que me ha gustado más de lo que me esperaba, y he tenido la gran discusión de si no seria ciencia ficción o si. Mi única conclusión es que las argentinas parecen sentir un gran escepticismo por la humanidad.

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